No había mucho que ver en Uyuni, así que al día siguiente del fin de nuestro viaje por el parque Eduardo Avaroa y el Salar de Uyuni, nos embarcamos rumbo a Potosí con nuestra nueva amiga alemana, Dannika. Partimos a las diez de la mañana en un bus pequeño, sin baño, para un viaje de siete horas – pronto descubriríamos que los buses con baños son escasos por estos lares -. En el bus habían dos franceses, dos catalanes, una alemana, dos chilenas, y un veintena de bolivianos que hablaban quechua entre sí.
Primera parada, Pulacayo:
“Vea la primera locomotora que llegó a Bolivia, la locomotora que asaltó Butch Cassidy y la mina de plata más famosa del siglo XIX” promocionaba un cartel a la entrada del pueblo.
Seguimos como si nada, pero los pasajeros empezaron murmurar entre sí. Parecía que había algún problema y nosotros pensamos que se trataba de algún pasajero que había subido a la mala.
Después de una hora de viaje el bus paró en medio de la nada y el chofer se asomó con cara de “hasta aquí no más llegamos”. Los pasajeros siguieron murmurando en quechua.
- Qué pasa? – le preguntamos a nuestra compañera de asiento, una señora vestida como se visten la mitad de las mujeres acá en Bolivia, con sombrero, largas trenzas, falda hasta la rodilla y aguayos (telas de colores donde cargan todas sus cosas).
- Están bloqueando el camino –
- ¿Porqué? –
- No sabemos –
Entonces la señora más vieja se levanta y grita:
- Tenemos que negociar, tenemos que pedirles que nos dejen pasar-
- Si, tenemos que negociar – empiezan a repetir el resto de los pasajeros a coro.
- Paguemos con hojas de coca – dice otra señora
- Si, todos podemos poner un poco de coca – repiten otros.
Casi todos se paran y bajan del bus, decididos y esperanzados en que lograran convencer a los compatriotas que bloquean el camino. Solo los extranjeros y los más viejos se han quedado arriba. Medias ocultas en los últimos asientos del bus, escuchamos fragmentos de conversaciones:
- Es el problema de Santa Cruz, el racismo y todo eso –
- Pero eso es en santa Cruz –
- No, es en todo Bolivia –
- Así nunca Bolivia va a progresar. Así no hay presidente que aguante – se lamenta la misma señora que hace un rato llevaba la batuta –
- Son los mineros, han estado toda la noche con sus señoras y sus hijos – explica alguien que por fin llega con noticias frescas. Son 1500 mineros que trabajan para empresas privadas y que se quedaran sin trabajo por el proceso de recuperación de los recursos naturales minerológicos.
- Vamos a morir de hambre, vamos a morir de sed – repite a cada rato la vieja más vieja, primero lo dice muerta de la risa y después lo dice con cara de cordero degollado.
Los europeos se hunden en sus asientos imaginando la peor de sus pesadillas: perdidos en medio de la nada, de la barbarie latinoamericana, lejos de su “civilizado” mundo, en manos de un montón de sudacas. Por supuesto, nosotras nos sentimos más sudacas que nunca. A modo de provocación, una cancioncilla empieza a revolotear en mi cabeza: “Ay, maldición de malinche…” (de Amparo Ochoa, vease al final). Al principio sentimos un poco de temor de reconocer que éramos chilenas, pero cada vez que lo hemos dicho, la respuesta ha sido la misma: “Chile es muy lindo, yo conozco Calama y Antofagasta”.
Son las doce y empiezan a volver algunos pasajeros después de infructuosas negociaciones.
- A la una se van a reunir para ver si nos dejan pasar o no –
- Depende de si llegan a un acuerdo o no con el gobierno –
- El chofer debió haberse ido por otro camino, yo lo podría haber ayudado, pero este chofer es nuevo y no conoce, el antiguo hubiera sabido qué hacer – dice la misma vieja que no ha parado de repetir su letanía “vamos a morir de hambre, vamos a morir de sed”.
Después de la noticia de que tendremos que esperar hasta la una, muchos pasajeros vuelven a buscar sus bolsos y se lanzan a la “pampita”.
- Estoy a cinco horas de mi casa, me voy caminando –
Chani y yo finalmente bajamos del bus para buscar más explicaciones. Los europeos hacen grupito aparte y toman medidas dramáticas:
- Debemos irnos inmediatamente de Bolivia, si no, no podremos salir – dice un catalán que ya ha contagiado a todos sus coterráneos con su paranoia – Nosotros hemos viajado por muchos países de todo el mundo y jamás nos había pasado algo así – continúa.
En otro grupo, más relajado, un profesor de historia que trabaja con niño en desventaja social, menciona al pasar la frase “guerra civil”.
- ¿guerra civil? – pregunto yo
- Aquí hay gente que dice “si matas a un camba, estás haciendo patria” –
- ¿Quiénes son los cambas?
- Los cruceños – Este es el conflicto que cruza todas las conversaciones y las noticias que escuchamos en Bolivia. Los “blancos” de los departamentos de Santa Cruz, Beni y Pando que reclaman por autonomía en la Asamblea Constituyente, versus los indígenas, de la otra mitad de Bolivia, que reclaman por una estado plurinacional con una repartición democrática de los recursos naturales.
- ¿Y en España pasan estas cosas? – pregunta el profesor refiriéndose al bloqueo
- Nosotras no somos españolas, somos chilenas, y en Chile si pasan estas cosas, si somos parte de lo mismo ¿no? –
De pronto los pasajeros vuelven corriendo al bus, entremedio de ellos, el chofer. Todos arriba, se encienden los motores.
- ¡No puede pasar! ¡No puede pasar! Los mineros se van a encaprichar con nosotros –
- Ellos tienen dinamita –
Empiezan a murmurarlos pasajeros, pero nadie detiene al chofer que ha puesto marcha atrás. Un breve alivio, no intentará pasar por encima de las piedras que bloquean el camino, pero cuando los mineros se dan cuenta de que trata de tomar un atajo, corren a bloquear el resto del camino. Sin embargo, antes que ellos, la superficie arenosa entierra las ruedas del bus y le impide seguir adelante. Todos abajo. Entonces se encienden las ideas. El Chofer corre hacia el otro lado, donde hay otro bus igual al nuestro esperando pasar. El chofer vuelve corriendo:
- Volvemos a Uyuni –
- ¿Qué?
- Ustedes se van en el otro bus a Potosí y yo vuelvo con los otros pasajeros a Uyuni.
Sin esperar más se sube al techo y empieza a devolver bolsos y mochilas a sus respectivos dueños. Con calma pero a paso seguro, caminamos hacia el otro lado. Hecho. Nada ha pasado. Excepto un gringo porfiado como burro que intenta imponer su estructurado orden sobre la astucia latinoamericana.
- Por favor, no confundir mi gente, nosotros esperar que el chofer confirme que ir a Uyuni –
Nadie le discute, todos se sientan silenciosamente a esperar que el gringo solucione su necesidad de burocracia. Y finalmente llega la confirmación. Todos los pasajeros de este lado toman sus cosas y cruzan al bus que nosotros hemos dejado atrás. Cada uno toma sus respectivos asientos y el viaje sigue como si nada.
PD: poner fotos es una tortura, lo siento.
------------------------
Maldición de Malinche
(G. Palomares)
Amparo Ochoa
"El cancionero popular"
Del mar los vieron llegar mis hermanos emplumados
Eran los hombres barbados de la profecía esperada
Se oyó la voz del monarca de que el dios había llegado.
Y les abrimos la puerta por temor a lo ignorado.
Iban montados en bestias como demonios del mal
Iban con fuego en las manos y cubiertos de metal.
Sólo el valor de unos cuantos les opuso resistencia
Y al mirar correr la sangre se llenaron de verguenza.
Porque los dioses ni comen ni gozan con lo robado
Y cuando nos dimos cuenta ya todo estaba acabado.
Y en ese error entregamos la grandeza del pasado
Y en ese error nos quedamos trescientos años esclavos.
Se nos quedó el maleficio de brindar al extranjero
Nuestra fe, nuestra cultura, nuestro pan, nuestro dinero.
Y les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrio
Y damos nuestras riquezas por sus espejos con brillo.
Hoy, en pleno siglo veinte nos siguen llegando rubios
Y les abrimos la casa y les llamamos amigos.
Pero si llega cansado un indio de andar la sierra
Lo humillamos y lo vemos como extraño por su tierra.
Tu, hipócrita que te muestras humilde ante el extranjero
Pero te vuelves soberbio con tus hermanos del pueblo.
Oh, maldición de Malinche, enfermedad del presente
Cuándo dejarás mi tierra.. cuándo harás libre a mi gente.
Es hora de agarrar ese momento infinito que es la rutina y metérselo al bolsillo perro como si nada. Es hora de engatuzar a estos asustados tobillos, contarles una buena historia y animarles a partir... corriendo.
9/29/2006
9/27/2006
9/23/2006
El 18 nos quería en Chile
Chile nos obligó a pasar el 18 de Septiembre en sus tierras. Simplemente no lo esperábamos, pero ya que nos enlazó de esa manera, no nos quedó otra más que celebrar las Fiestas Patrias. Para empezar, el infaltable asado bien regado la noche que llegamos a Calama. Seguimos con una visita a las fondas en la misma ciudad a la noche siguiente. Pero fue un fiasco. Después de darnos varias vueltas en auto, verificamos que a pesar de ser viernes en la noche de un fin de semana de cuatro días, las fondas en Calama aún no abrían. Partimos a la Ramada del Regimiento Topater, pero el sentimiento antimilitar de mis acompañantes nos impidió entrar. Pese a la propaganda del calameño más antiguo del grupo:
- Este es el único día en que los "pelaos" se relajan y por eso estas fondas son muy entretenidas-
- ¿Qué es Topater? - pregunto
- El lugar dónde el ejército chileno le ganó la batalla por Calama a Bolivia. Batalla que ocurrió el 23 de Marzo y que aquí se celebra con bombos y platillos. El día 22 a las 12 de la noche, tiran fuegos artificiales y a la máñana siguiente, todos los colegios representan la historia con chilenos buenos, muy buenos, y bolivianos malos, muy malos.-
Paradojicamente, terminamos en el único local con más onda que encontramos, celebrando el 18 bailando tinku con música de Los Kjarkas, el grupo sensación de Bolivia que llena los estadios en todas las ciudades del norte de Chile.
------
A la altura del paso del Topater, el ejército chileno fue interceptado por unos cincuenta civiles armados solo de escopetas. Eran bolivianos, liderados por el ingeniero Eduardo Abaroa. Todos residían en Calama (entonces también boliviana).
El Coronel Villagrán, al mando de los chilenos, les pide que no interfirieran el paso. No se llega a acuerdo alguno, pero convinieron en reunirse al otro día en el Consulado de Francia, en Antofagasta.
Este es supuestamente el diálogo que se produjo en el Consulado entre el Coronel Villagrán y el señor Abaroa.
Coronel: "Señor Abaroa, debe usted comprender que, en la situación que se encuentra, está en inferioridad de condiciones, y en mi calidad de militar profesional y siendo usted un civil debo advertírselo".
Abaroa: "Señor Coronel, tiene usted razòn, estamos en inferioridad ante su ejército, pero la historia del mundo está llena de ejemplos similares, y la suerte más de una vez ha favorecido a los más débiles".
Coronel: "Esta situación no es de suerte, esta es una situación real que no estaba prevista de manera alguna".
Abaroa: "Coronel, ¿creía usted que no había habitantes en la zona? De ser así, recibió una mala información".
Coronel: "Señór Abaroa, debo hacerle ver que usted está rodeado de civiles inexpertos en el arte de la guerra, con armas muy inferiores a las nuestras, luego, sin experiencia alguna en combate. Le ruego a usted que desista de la empresa que se propone".
Abaroa: "Es inútil, señor Coronel. Yo no le pediría a usted que incumpliera su misión, misión que le ha encomendado su gobierno y que tiene la obligación de cumplir".
Coronel: "¿Está enterado su gobierno de que usted está dispuesto a batirse con el ejército de Chile?"
Abaroa: "No señor, el gobierno de Bolivia no tiene la más mínima información. De saberlo habría enviado tropa a defender el territorio que livianamente usted invade".
Coronel: "Por lo tanto señor Abaroa, usted no ha recibido orden o instrucción alguna de parte de su gobierno para optar la posición que mantiene".
Abaroa: "Señor Coronel: ¡No me hace falta orden o instrucción de mi gobierno para defender mi Patria!"
En el Acta de ese día, queda impreso que las partes no llegaron a acuerdo alguno, y que se retiraron a sus posiciones.
Y al otro día, el ejército chileno recomienza su marcha. En el paso Topater, Eduardo Abaroa y sus hombres abieron fuego. Villagrán dio orden de no responder al fuego de Abaroa y sus hombres, pero las horas pasaban.
Finalmente Villagrán le grita a su oponente: "Abaroa, ¡Ríndase!"
"¿Rendirse?... ¡Qué se rinda su abuela, carajo!"
Y en ese grito, con esa respuesta, el Ingeniero Abaroa pasaba a la historia.
- Este es el único día en que los "pelaos" se relajan y por eso estas fondas son muy entretenidas-
- ¿Qué es Topater? - pregunto
- El lugar dónde el ejército chileno le ganó la batalla por Calama a Bolivia. Batalla que ocurrió el 23 de Marzo y que aquí se celebra con bombos y platillos. El día 22 a las 12 de la noche, tiran fuegos artificiales y a la máñana siguiente, todos los colegios representan la historia con chilenos buenos, muy buenos, y bolivianos malos, muy malos.-
Paradojicamente, terminamos en el único local con más onda que encontramos, celebrando el 18 bailando tinku con música de Los Kjarkas, el grupo sensación de Bolivia que llena los estadios en todas las ciudades del norte de Chile.
------
A la altura del paso del Topater, el ejército chileno fue interceptado por unos cincuenta civiles armados solo de escopetas. Eran bolivianos, liderados por el ingeniero Eduardo Abaroa. Todos residían en Calama (entonces también boliviana).
El Coronel Villagrán, al mando de los chilenos, les pide que no interfirieran el paso. No se llega a acuerdo alguno, pero convinieron en reunirse al otro día en el Consulado de Francia, en Antofagasta.
Este es supuestamente el diálogo que se produjo en el Consulado entre el Coronel Villagrán y el señor Abaroa.
Coronel: "Señor Abaroa, debe usted comprender que, en la situación que se encuentra, está en inferioridad de condiciones, y en mi calidad de militar profesional y siendo usted un civil debo advertírselo".
Abaroa: "Señor Coronel, tiene usted razòn, estamos en inferioridad ante su ejército, pero la historia del mundo está llena de ejemplos similares, y la suerte más de una vez ha favorecido a los más débiles".
Coronel: "Esta situación no es de suerte, esta es una situación real que no estaba prevista de manera alguna".
Abaroa: "Coronel, ¿creía usted que no había habitantes en la zona? De ser así, recibió una mala información".
Coronel: "Señór Abaroa, debo hacerle ver que usted está rodeado de civiles inexpertos en el arte de la guerra, con armas muy inferiores a las nuestras, luego, sin experiencia alguna en combate. Le ruego a usted que desista de la empresa que se propone".
Abaroa: "Es inútil, señor Coronel. Yo no le pediría a usted que incumpliera su misión, misión que le ha encomendado su gobierno y que tiene la obligación de cumplir".
Coronel: "¿Está enterado su gobierno de que usted está dispuesto a batirse con el ejército de Chile?"
Abaroa: "No señor, el gobierno de Bolivia no tiene la más mínima información. De saberlo habría enviado tropa a defender el territorio que livianamente usted invade".
Coronel: "Por lo tanto señor Abaroa, usted no ha recibido orden o instrucción alguna de parte de su gobierno para optar la posición que mantiene".
Abaroa: "Señor Coronel: ¡No me hace falta orden o instrucción de mi gobierno para defender mi Patria!"
En el Acta de ese día, queda impreso que las partes no llegaron a acuerdo alguno, y que se retiraron a sus posiciones.
Y al otro día, el ejército chileno recomienza su marcha. En el paso Topater, Eduardo Abaroa y sus hombres abieron fuego. Villagrán dio orden de no responder al fuego de Abaroa y sus hombres, pero las horas pasaban.
Finalmente Villagrán le grita a su oponente: "Abaroa, ¡Ríndase!"
"¿Rendirse?... ¡Qué se rinda su abuela, carajo!"
Y en ese grito, con esa respuesta, el Ingeniero Abaroa pasaba a la historia.
Perdidas en la Quebrada de Humahuaca II
Pueblo de Humahuaca
Iruya desde su Mirador
De vuelta en Humahuaca, nos fuimos a comer jurando que eran cerca de las siete de la tarde. Faltaban un par de horas para que saliera el bus a Iruya y olvidamos las últimas recomendaciones de la chica de la oficina de turismo: el camino a Iruya sube hasta los cuatro mil metros y baja hasta los dos mil quinientos, la ruta es de ripio, llena de curvas y precipicios, y la micro es vieja y destartalada, por eso es mejor ir con el estómago vacío. Laguna mental. Entramos a una hostería y comimos cazuela de llama y albóndigas con arroz. Por suerte preguntamos la hora al terminar: 20.40. Correr al Terminal. Subimos a la micro y empezó la coctelera. Tres horas duraba el viaje por la cornisa de una sierra cuyo nombre olvidé. Apenas se veía el camino, el cielo inundado de estrellas y solo se escuchaba la bocina de la micro cada vez que venía una curva, para evitar la sorpresa de encontrarse con otro vehículo en un camino tan estrecho (¿Han leído Lucero de Oscar Castro? Bueno, así tal cual). Pero llegamos intactas a Iruya, a las 12.30 de la noche. Por suerte uno de los pasajeros nos llevó hasta un hospedaje donde tuvo que desertar a los dueños para que nos atendieran. Éramos los únicos turistas a esas horas de la madrugada. De noche solo se veían las gigantescas siluetas de los macizos que rodean el pueblo y las calles de adoquines en pendiente: ¿Dónde cresta estábamos? Parecía que estuviéramos al fondo de un inmenso cono de roca. Al día siguiente descubrimos nuestro increíble destino. Iruya: un pueblo medio colonial, medio indígena que cuelga de las montañas. Nos encontramos con nuestro guía improvisado en las puertas de la Iglesia: “Iruya le pusieron los españoles porque el nombre original es Iruyoc, lugar de paja. Aquí son casi todos kolla, pero también hay árabes, italianos, alemanes, yugoslavos y españoles”. Claro, una familia de cada uno porque Iruya es un pueblo chico donde todos se conocen y que vive de la agricultura, la ganadería y el turismo. Nuestro guía era conocido como El Topo y tenía un restobar que se llamaba Iruyoc. Claro que a cada rato se le acercaban turistas preguntando por un lugar barato donde comer y nunca les recomendó su local. Nosotras erramos, fuimos a comer a un comedor cerca de la Iglesia y por primera vez en el viaje, la comida era mala. En la noche, después de caminar al río, conocer a una cabrita que se creía perro y escuchar sobre lo lindo que era el camino a San Isidro, una caminata de cuatro horas, compramos nueve empanadas en La Tablada (3x$1 ¡Estas si que eran buenas!), y nos fuimos a ver las estrellas desde El Mirador. ¡¡¡ UUUFFFF!!! Es todo lo que puedo decir.
Había una vez una vaca en la Quebrada de Humahuaca.
Como era muy vieja, muy vieja, estaba sorda de una oreja.
Y a pesar de que ya era abuela un día quiso ir a la escuela.
Se puso unos zapatos rojos, guantes de tul y un par de anteojos.
La vio la maestra asustada y dijo: "Estás equivocada".
Y la vaca le respondió: "¿Por qué no puedo estudiar yo?"
La vaca, vestida de blanco, se acomodó en el primer banco.
Los chicos tirábamos tizas y nos moríamos de risa.
La gente se fue muy curiosa a ver a la vaca estudiosa.
La gente llegaba en camiones, en bicicletas y en aviones.
Y como el bochinche aumentaba en la escuela nadie estudiaba.
La vaca, de pie en un rincón, rumiaba sola la lección.
Un día toditos los chicos nos convertimos en borricos.
Y en ese lugar de Humahuaca, la única sabia fue la vaca.
"La vaca estudiosa" María Elena Walsh
9/21/2006
Perdidas en la Quebrada de Humahuaca
Nos dijeron vaya a Purmamarca y partimos a Purmamarca. Nos dijeron vayan a Tilcara y partimos a Tilcara. Nos dijeron vayan a iruya y partimos a Iruya. Nos dijeron ¡Vayan a Ushuaia! y por suerte no tomamos en serio a Lolo y Lala. Nos dijeron vayan a Incacuevas y no llegamos, nos perdimos.
A la niña de la oficina de informaciones de Humahuaca no le quedaban mapas y nos dio las indicaciones: esquina blanca, quebrada Chelín, una hora de caminata, rocas rojas, siete cuevas, pinturas rupestres, espejos de agua. ¡Clarísimo!
Nos despedimos del relojero que nos alojó en Humahuaca, que se mataba de la risa cada vez que la Chani le pedía algo de la cocina, “obviamente” él y la cocina no tenían nada que ver el uno con el otro. Dejamos nuestras mochilas en la custodia del Terminal y esperamos un bus que dijera La Quiaca. Llegó uno que venía de Buenos Aires.
- si las llevo – dijo el chofer – pero compren sus pasajes en la caja – y golpeando sus palmas como si nos arreara, nos gritó - ¡ya pues! ¡Ya pues!
Con pasaje en mano, el chofer abrió la puerta de la cabina y dijo:
- aquí adelante se van, para no aburrirme –
Era jujeño y picado de la araña como los otros dos jujeños que hemos conocido: el músico que nos mandó a la casa de su famosísimo colega, Ricardo Vilca, en Humahuaca; y el abogado que nos mandó a la casa de “su gran amigo” el intendente de Tilcara.
Llegamos a Esquina Blanca. Bajamos por el camino hasta un arroyuelo ¡Pero ahí se acababa el camino! Miramos para un lado, miramos para el otro y ni rastro de cuál era la senda correcta. Así que doblamos a la izquierda porque nos tincó y nos fuimos chapoteando por el riachuelo. Al cabo de media hora de no ver indicios ni de quebradas ni rocas rojas ni cuevas, decidimos devolvernos, pero esta vez por la línea del tren abandonada que estaba al menos a 20 metros sobre el riachuelo. Desde ahí no se veía el camino, pero si se distinguían huellas de neumáticas que iban precisamente hacia el lado contrario de nuestro rumbo original.
Era mediodía, el sol pegaba fuerte sobre nuestras cabezas, no había sobras y apenas corría una brisa. Llevábamos más de 40 minutos caminando cuando atravesamos un puente con forma de arco y por fin distinguimos la quebrada chelín y, en el fondo, las rocas rojas. Pero el camino era laaaaardo y áaaaarido, así que desistimos, y bajamos a seguir chapoteando en el río.
Cerca de las 4 de la tarde, tal cómo nos habían advertido, salimos a la carretera a esperar el bus de regreso a Humahuaca. Y esperamos, y esperamos, y esperamos, quince minutos, treinta, una hora, dos horas, en medio de la nada.
Cuando el sol se puso ya teníamos todo nuestro plan de sobrevivencia armado en caso de quedarnos botadas. No podíamos caminar, porque no sabíamos a cuánto estaba el próximo pueblo, no teníamos parkas y ya estaba haciendo mucho frío ( en la noche las temperaturas bordean los cero grados), no teníamos comida, pero al menos había agua pura, no teníamos luz, pero teníamos un encendedor y un botiquín. Haríamos una fogata, ese era nuestro plan, y nos pusimos a juntar leña. Chani, la hereje, estaba a punto de ponerse a rezar cuando a lo lejos se divisa un bus. La verdad es que le faltó poco para arrodillarse en medio de la carretera, y el bus paró. Solo cuando estábamos arriba del bus, celebrando nuestra suerte, nos dimos cuenta que era Once de Septiembre.
Pero la aventura no terminaba ahí…
¡No se pierda “Perdidas en la Quebrada de Humahuaca II”, mañana, a esta misma hora y por este mismo canal!
PD: Mañana con fotos y demases, porque ahora el computador esta muy muy lento.
A la niña de la oficina de informaciones de Humahuaca no le quedaban mapas y nos dio las indicaciones: esquina blanca, quebrada Chelín, una hora de caminata, rocas rojas, siete cuevas, pinturas rupestres, espejos de agua. ¡Clarísimo!
Nos despedimos del relojero que nos alojó en Humahuaca, que se mataba de la risa cada vez que la Chani le pedía algo de la cocina, “obviamente” él y la cocina no tenían nada que ver el uno con el otro. Dejamos nuestras mochilas en la custodia del Terminal y esperamos un bus que dijera La Quiaca. Llegó uno que venía de Buenos Aires.
- si las llevo – dijo el chofer – pero compren sus pasajes en la caja – y golpeando sus palmas como si nos arreara, nos gritó - ¡ya pues! ¡Ya pues!
Con pasaje en mano, el chofer abrió la puerta de la cabina y dijo:
- aquí adelante se van, para no aburrirme –
Era jujeño y picado de la araña como los otros dos jujeños que hemos conocido: el músico que nos mandó a la casa de su famosísimo colega, Ricardo Vilca, en Humahuaca; y el abogado que nos mandó a la casa de “su gran amigo” el intendente de Tilcara.
Llegamos a Esquina Blanca. Bajamos por el camino hasta un arroyuelo ¡Pero ahí se acababa el camino! Miramos para un lado, miramos para el otro y ni rastro de cuál era la senda correcta. Así que doblamos a la izquierda porque nos tincó y nos fuimos chapoteando por el riachuelo. Al cabo de media hora de no ver indicios ni de quebradas ni rocas rojas ni cuevas, decidimos devolvernos, pero esta vez por la línea del tren abandonada que estaba al menos a 20 metros sobre el riachuelo. Desde ahí no se veía el camino, pero si se distinguían huellas de neumáticas que iban precisamente hacia el lado contrario de nuestro rumbo original.
Era mediodía, el sol pegaba fuerte sobre nuestras cabezas, no había sobras y apenas corría una brisa. Llevábamos más de 40 minutos caminando cuando atravesamos un puente con forma de arco y por fin distinguimos la quebrada chelín y, en el fondo, las rocas rojas. Pero el camino era laaaaardo y áaaaarido, así que desistimos, y bajamos a seguir chapoteando en el río.
Cerca de las 4 de la tarde, tal cómo nos habían advertido, salimos a la carretera a esperar el bus de regreso a Humahuaca. Y esperamos, y esperamos, y esperamos, quince minutos, treinta, una hora, dos horas, en medio de la nada.
Cuando el sol se puso ya teníamos todo nuestro plan de sobrevivencia armado en caso de quedarnos botadas. No podíamos caminar, porque no sabíamos a cuánto estaba el próximo pueblo, no teníamos parkas y ya estaba haciendo mucho frío ( en la noche las temperaturas bordean los cero grados), no teníamos comida, pero al menos había agua pura, no teníamos luz, pero teníamos un encendedor y un botiquín. Haríamos una fogata, ese era nuestro plan, y nos pusimos a juntar leña. Chani, la hereje, estaba a punto de ponerse a rezar cuando a lo lejos se divisa un bus. La verdad es que le faltó poco para arrodillarse en medio de la carretera, y el bus paró. Solo cuando estábamos arriba del bus, celebrando nuestra suerte, nos dimos cuenta que era Once de Septiembre.
Pero la aventura no terminaba ahí…
¡No se pierda “Perdidas en la Quebrada de Humahuaca II”, mañana, a esta misma hora y por este mismo canal!
PD: Mañana con fotos y demases, porque ahora el computador esta muy muy lento.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




